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Banco central, política monetaria y señales ruidosas (¿del INDEC?)

por Enrique Kawamura

El debate público por las posibles consecuencias de un índice oficial de precios al consumidor que, al menos desde los primeros meses de 2007, ha sabido llevarse la crítica de una buena parte de la profesión (aunque no de la totalidad de la misma, al menos considerando a los economistas del Ministerio de Economía) y la subsecuente discusión mediática permanente parece estar influido por visiones con posibles tintes ideológicos o de conveniencia. Sin embargo, un reciente paper académico de Guido Lorenzoni, profesor del Departamento de Economía del MIT, podría ayudar al menos a un entendimiento mejor fundado sobre cómo un banco central podría implementar políticas monetarias con un tipo de imperfección informativa del estilo del problema del IPC antes mencionado.

El trabajo de Lorenzoni presenta un modelo teórico que supone que los agentes (incluido el banco central) no observan la realización de un shock agregado de productividad sino que solamente observan una señal ruidosa del mismo. Este supuesto podría interpretarse a un banco central que no observa el IPC exacto sino una señal ruidosa. Por supuesto que no es la única interpretación posible. Sin embargo, dado el contexto en el cual la economía argentina (y su política monetaria) se encuentra operando, tal vez esta interpretación nos permita entender consecuencias de este modelo que puedan resultar útiles en nuestro caso. Lo importante es que en este modelo los agentes pueden diferir en sus creencias sobre shocks futuros, lo cual parece natural en un mundo con ruido.

Uno de los principales resultados del modelo de Lorenzoni es que la política monetaria considerada como (Pareto) eficiente dentro del modelo implica la no independencia de la política monetaria respecto de la señal ruidosa. Es más, excepto en casos especiales, aquella política monetaria que intenta ignorar el ruido buscando lograr que la economía funcione como si no hubiese ruido (como si la información fuese perfecta) no es típicamente Pareto eficiente. La principal razón estriba en que, en una economía en el que los shocks de productividad idiosincrásicos son (cuantitativamente) relevantes, la independencia de la política monetaria respecto del ruido impone una “homogeneidad” de precios relativos que resulta “artificial”, en el sentido de que los precios relativos no reflejan completamente las diferencias relevantes de productividad entre las tecnologías de producción para distintos bienes y servicios de consumo.

Sin embargo, este modelo de Lorenzoni también predice que en términos globales termina siendo mejor para el bienestar de los agentes la reducción del ruido (no a través de la política monetaria sino a través de la publicación de un indicador que reduzca el ruido). Este resultado puede interpretarse, lisa y llanamente, a que tener un IPC con muy poco ruido es mejor que otro IPC con un nivel de ruido muy superior (aunque, reitero, esta interpretación es bastante poco literal respecto del resultado estricto del modelo).

Por supuesto que tomar el primero de los dos resultados comentados como justificación de la política monetaria que actualmente se implementa en Argentina no es la intención de este post. Sin embargo, como mencioné anteriormente, este trabajo académico plantea un posible mensaje sobre política monetaria que podría incentivar a una mayor producción de investigaciones empíricas específicas, especialmente por parte de los economistas que realizan investigaciones en el BCRA (con capacidad de producir investigación de muy buena calidad, a mi juicio), acerca de mediciones de diferenciales de productividad, ya no sólo entre sectores, sino especialmente entre variedades de productos intra-sectoriales. De este modo podría comenzar a estudiarse de una manera más sistemática hasta qué punto, en una economía que cuenta con un IPC “ruidoso”, la política monetaria tal vez debiera ser más o menos sensible a ese ruido, tal como lo sugiere una interpretación posible de este paper.

Sin embargo, el segundo resultado parece claramente indicar la necesidad de eliminar las dudas sobre el IPC oficial ya que, aún en un contexto de productividades heterogéneas, un menor nivel de ruido junto con su respectiva política monetaria óptima “en general” (salvo excepciones muy especiales) aumentaría el bienestar de los agentes. De todos modos, una crítica de la que esta nota no pude salvarse nunca es del problema de la interpretación de los resultados del modelo.

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